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domingo, 17 de febrero de 2013

Conversando con nuestro Obispo


Cuando queremos hacer un viaje, trazamos la ruta  que nos llevará al lugar que nos hemos propuesto, no sea, que por no estar claro nos perdamos y no lleguemos a lugar deseado. Algo parecido sucede en este nuevo Tiempo Litúrgico que estamos iniciando. Ya que la Cuaresma es un camino cuya meta es la Pascua. La Cuaresma es la carretera que nos conducirá adonde queremos llegar: a la Pascua del Señor. Este camino durara 40 días…, en la meta nos espera Cristo resucitado. Ahora bien, no solo nos espera, nos atrae, nos alienta y de algún modo nos acompaña.


Para no perdernos  no olvidemos que la Cuaresma no es la meta, sino  el camino, y que  al vivirla, “No se trata de una liberación de nuestra pobreza y miseria, sino una liberación de nuestra riqueza y bienestar sobreabundantes; que no se trata de una liberación de nuestras insuficiencias sino de nuestro consumo… que no se trata de una liberación de nuestra impotencia, sino de nuestra existencia prepotente… que no se trata de la liberación de nuestros sufrimientos, sino de nuestra apatía.” J.B. Metz

En la Cuaresma ciertamente se nos invita a “Cambiar”. Ahora bien, el cambio que  se nos pide no es solamente de imagen, o algún que otro retoque en nuestra vida, dejar algo que nos sobra, recuperar algo que nos hace falta. Tampoco  va en línea de hacer uno que otro sacrificio o de añadir una práctica devocional. De lo que se trata es de cambiar el núcleo íntimo del ser, “el corazón”. De dar un giro a nuestra vida, un cambio de rumbo para “volverse a Dios”.

En este Año de la Fe, te invito  a encontrarte con  el verdadero Dios,  que no hace milagros fáciles ni baratos, para favorecer caprichos. Que te llama a vivir tu fe no como una oferta cuasi mágica en la que buscas salud o lo que sea en beneficio propio. Que te llama al desierto, para que experimentes su ternura y su amor. ¡Atrévete! y celebraras una Pascua diferente.

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